Cosas rotas
Ruedas de coche… ruedas de coche, maromas, brincos de cuerda, 100 lagartijas y 100 abdominales.
Recuerdo mis últimos entrenamientos, lo mal que me sentía y lo mucho que me costaba llevar el ritmo de las demás. Casi puedo señalar el instante en que mi vida de actividad física regular terminó; y terminó en mis rodillas.
Fue entonces cuando comenzó el rondín de doctores, de radiografías, de ejercicios de resistencia y elasticidad que… no pasé.
Dejé todo lo que me hacía feliz en ese momento: el deporte y el baile.
Por eso cuando me preguntan digo que cambiaría todo mi cerebro y buena ortografía por volver a tener 14 años y cuidarme para evitar lesiones; tendría una vida diferente, no me dolería nada, mis muñecas soportarían una bola de boliche, jugaría tenis y hubiera aprendido a tocar la batería.
Cuando a los 16 años se rompen todos y cada uno de tus sueños, comienzas a cuestionar que si el tenerlos vale la pena.
Pero, sin ellos, no tendríamos fuerza para salir de la cama todas las mañanas.
¿O sí?



