Sol
Es de lo más difícil escribir un blog desde el iPhone. No sé por qué mi hermano lo hace con tal singularidad. Lo que escribo tampoco tiene mucha trascendencia pero estamos casi a mitad de diciembre y he abandonado este sitio, algo debía hacer. Creo que entre mis múltiples oportunidades de escribir, porque no estoy haciendo nada, he optado por leer o hacer ejercicio. Bueno para el alma y el corazón, dicen. He estado alejada de mi casa y la computadora ya casi por dos semanas; viajo. El movimiento no fue del todo voluntario sino cosas del trabajo. Ahora sé que no me creerían si digo que cosas del trabajo me trajeron a la orilla del mar en Puerto Vallarta (desde donde escribo esto) pero así fue… Casi. La verdad es que me encuentro de vacaciones obligadas previas a Navidad y posteriores a la Feria del Libro de Guadalajara. Se supone que el sol debería estar ayudando a que se me compusiera el ánimo; la camota a que se compusiera mi columna y la arena como exfoliante natural pero no, no sucede así. Estoy de panza en un camastro, chela en mano, y pienso que me estoy perdiendo de cosas mientras estoy secuestrada por la playa otros 3 días más. Secuestrada. El mar está inquieto, yo también. No puedo dormir más allá de las 7am, cosa de la que me quejaré con la psiquiatra, ni correr por la playa libre como el viento. Sé que no me debería estar quejando de estas cosas y que el grueso de la población me tacharía de loca mitómana pero hay alguien cuya compañía, sonrisa y amor me faltan para hacer de esto disfrutable. Lo peor es que me van a faltar por mucho tiempo… Tengan miedo a las consecuencias, yo debí verlas venir. Díganle hola a la ola.




